FIFA vs. UEFA: la guerra del fútbol que coloca a Gianni Infantino al centro

El fútbol mundial vive uno de sus partidos más tensos fuera de la cancha. FIFA y UEFA se enfrentan por el modelo económico y de gobierno del deporte, mientras Gianni Infantino queda en medio de una crisis que ya no se mide en goles, sino en confianza, dinero y poder.
El Mundial terminó, pero otro partido acaba de comenzar. No necesita árbitro, VAR ni estadio lleno. Se disputa en oficinas, reuniones de federaciones y comunicados institucionales. En un lado está la FIFA, máxima organización del fútbol mundial; en el otro, la UEFA, entidad que dirige el fútbol europeo y representa a algunas de las federaciones, selecciones, ligas y clubes más poderosos del planeta.
En medio de ambos aparece un nombre inevitable: Gianni Infantino.
La relación entre FIFA y UEFA alcanzó un punto especialmente crítico después de que la organización presidida por Infantino planteara crear FIFA Forward Enterprise (FFE), una subsidiaria destinada a concentrar operaciones comerciales y eventos de FIFA. La propuesta contemplaba captar hasta US$4.200 millones mediante inversores privados minoritarios, con una valoración aproximada de US$20.000 millones para la nueva compañía. FIFA sostuvo que conservaría el control y que los nuevos recursos servirían para ampliar la inversión en el desarrollo del fútbol en sus 211 asociaciones miembro.
FIFA vs. UEFA: el plan que encendió la mecha
Para FIFA, la iniciativa representaba una oportunidad para explotar mejor el enorme valor comercial de competencias como la Copa del Mundo y reinvertir mayores ingresos en infraestructura, selecciones nacionales, fútbol femenino y desarrollo juvenil.
Para UEFA, la lectura fue completamente distinta.
El 30 de julio de 2026, UEFA y sus 55 asociaciones nacionales rechazaron de manera unánime la posibilidad de transferir participaciones vinculadas con el Mundial y otras competiciones de FIFA a inversores privados. El organismo europeo sostuvo que una competición construida durante generaciones por jugadores, selecciones y aficionados no debía transformarse en un producto de inversión. La confrontación llegó al extremo de anunciar que sus selecciones no participarían en competiciones FIFA mientras la propuesta siguiera vigente.
La amenaza era enorme. Imaginar un Mundial sin las principales selecciones europeas dejaba de ser un ejercicio de ficción para convertirse, al menos temporalmente, en una posibilidad política dentro del fútbol.
Infantino retrocede, pero la crisis continúa

La presión produjo resultados rápidamente.
El 31 de julio, Gianni Infantino anunció que FIFA no continuaría con el proyecto, después de reconocer que la iniciativa había provocado divisiones. Reuters informó que el plan buscaba vender alrededor del 20% de la nueva unidad comercial y que la oposición fue encabezada por UEFA, a la que posteriormente se sumaron organismos de otras regiones.
Parecía el final del conflicto.
No lo fue.
Un día después, UEFA celebró la retirada de la propuesta, pero elevó considerablemente el tono contra la dirección de FIFA. El organismo europeo señaló que debía investigarse cómo se había desarrollado el proyecto y afirmó que la actual dirigencia de FIFA había perdido su confianza. También anunció una revisión más profunda junto con asociaciones y otras confederaciones.
Así, la discusión dejó de girar exclusivamente alrededor de una operación financiera. El debate pasó directamente al liderazgo de Infantino.
Gianni Infantino, en el centro del huracán
Las críticas tampoco nacieron de la noche a la mañana.
En mayo de 2025 ya se había producido un episodio que evidenció la tensión entre UEFA y el presidente de FIFA. El Congreso de FIFA en Paraguay comenzó dos horas y 17 minutos tarde debido al retraso de Infantino, quien llegaba después de acompañar al presidente estadounidense Donald Trump en una gira por Medio Oriente. Parte de los representantes europeos abandonó posteriormente el encuentro y UEFA criticó que intereses políticos personales parecieran colocarse por delante de los intereses del fútbol.
Aquel episodio podía interpretarse como una diferencia protocolar. La crisis de 2026 es considerablemente mayor porque toca tres fibras sensibles del deporte moderno: dinero, transparencia y poder.
Infantino, sin embargo, también tiene argumentos que defender.
FIFA aseguró que la subsidiaria permanecería bajo su control, que los inversores tendrían una participación minoritaria y sin control operativo y que las decisiones relacionadas con reglamentos, calendarios y competiciones seguirían exclusivamente en manos del organismo. Su argumento central era que obtener más valor de los derechos comerciales permitiría repartir más recursos entre las federaciones nacionales y acelerar el desarrollo del fútbol en países con menores ingresos.
Ese punto es fundamental: presentar esta historia simplemente como “UEFA buena contra FIFA mala” sería reducir un conflicto mucho más complejo.
¿Qué está realmente en juego?
Detrás de FIFA vs. UEFA existe una pregunta que supera incluso a Infantino: ¿quién debe decidir el futuro económico del fútbol?
FIFA representa una estructura verdaderamente global y defiende que los ingresos generados por las grandes competiciones pueden utilizarse para reducir brechas entre federaciones. UEFA, por su parte, sostiene que abrir parte del negocio de competiciones emblemáticas al capital privado puede crear incentivos donde la rentabilidad termine condicionando decisiones deportivas.
Es también una lucha por influencia.
Europa concentra una parte enorme del negocio de clubes, derechos audiovisuales, patrocinadores y figuras internacionales. FIFA, en cambio, necesita gobernar pensando en 211 federaciones con realidades económicas profundamente diferentes.
Ahí se encuentra el verdadero choque: dos visiones sobre cómo debe crecer el mismo deporte.
El próximo partido de Infantino se juega por la confianza
FIFA retiró el proyecto, pero retirar una propuesta es más sencillo que reconstruir una relación.
UEFA ha dejado claro que quiere revisar lo ocurrido y que su cuestionamiento alcanza directamente al liderazgo actual. FIFA, mientras tanto, continúa defendiendo la necesidad de generar mayores recursos para desarrollar el fútbol mundial. La pelota institucional sigue en movimiento.
El desenlace todavía está abierto.
Lo cierto es que el fútbol moderno ya no se define únicamente durante 90 minutos. También se decide en la forma en que se administran sus miles de millones, en quién controla sus competiciones y en cuánto poder están dispuestas a ceder —o defender— sus instituciones.
FIFA vs. UEFA es, por ahora, el partido más importante que no aparece en ningún fixture. Y Gianni Infantino juega en él mucho más que tres puntos: juega por la confianza en su liderazgo.
